Volver a clases después del temporal también significa acompañar las emociones de los niños
Retomar rutinas, respetar los tiempos de cada uno y evitar minimizar lo vivido son algunas recomendaciones para favorecer el regreso…

Retomar rutinas, respetar los tiempos de cada uno y evitar minimizar lo vivido son algunas recomendaciones para favorecer el regreso al aula y un mayor bienestar de los afectados.
Debido a los efectos del sistema frontal, comunas de las regiones de Atacama, Ñuble, Biobío y Aysén terminaron este viernes con clases suspendidas. ‘Mantente informado por los canales oficiales’, recomendó el Mineduc a través de redes sociales a las familias afectadas.
Ante la incertidumbre de los retornos y los serios problemas que sufrieron muchas comunidades educativas —desde falta de agua potable y electricidad, hasta daños en infraestructura en colegios y hogares de los alumnos—, especialistas en salud mental creen importante trabajar para retomar rutinas lo antes posible. ‘El colegio es muy importante, porque es una entidad que entrega seguridad mediante la estructura, así que cumple un rol positivo potenciando la recuperación emocional. Entre las acciones concretas es importante restablecer la rutina de manera progresiva, también generar los espacios para que los alumnos tengan la oportunidad de expresar desde lo emocional o desde lo descriptivo cómo se sintieron ante las cosas que vivieron’, señala Constanza Osorio, psicóloga infanto-juvenil del Centro de Adolescencia de Clínica Alemana y especialista que forma parte del convenio que la clínica mantiene con Desafío Levantemos Chile.
Su objetivo es contener psicológicamente a los afectados de diferentes catástrofes.
‘Después de una emergencia climática como esta, muchas veces es esperable que los niños tengan reacciones emocionales’, explica. Miedo, tristeza, irritabilidad, ansiedad o hipervigilancia pueden ser algunas.
‘En general, los niños más pequeños tienden a expresar el malestar de forma conductual; pueden estar más irritables o también más asustadizos, pueden mostrar mayores dificultades para separarse de un adulto o también presentar llanto con mayor facilidad’, indica Osorio.
Menos estímulos
‘Es clave ofrecer una jornada estructurada y predecible, que les ayude a anticipar lo que vendrá’, agrega al respecto María José Pérez, directora nacional de Educación de Fundación Integra y especialista en educación emocional. ‘Asimismo, se deben disminuir los estímulos ambientales que causen estrés, atenuando luces y ruidos’, sugiere a familias y establecimientos.
Respecto a conversar sobre la emergencia, Pérez insiste en la importancia de ‘respetar los ritmos individuales. Algunos niños y niñas necesitarán expresar lo vivido de inmediato, ya sea a través de la palabra, el dibujo, el llanto o el movimiento. Otros preferirán guardar silencio. Ninguna forma es mejor que otra; todas son válidas y requieren una acogida afectuosa y sin presiones’, plantea. Y recuerda que el juego libre es la herramienta principal para que los menores exploren y procesen emociones.
‘Las experiencias que involucran movimiento —como correr, saltar o bailar— son vitales para liberar tensiones físicas y emocionales. También sugerimos actividades de construcción, dramatizaciones de la vida cotidiana, la lectura de cuentos y la música suave, que abren canales de expresión no verbal y devuelven la tranquilidad’.
Pérez advierte que un error común es saturar la jornada con actividades dirigidas, pensando en distraer a los niños. Pero lo que necesitan ‘no es un exceso de estímulos, sino espacios seguros y materiales simples para crear sus propios juegos’.
Osorio también hace un llamado a ‘evitar minimizar lo que ocurrió con frases como ‘ya pasó’, ‘no fue nada’, ‘podría haber sido peor’, o dejar que el tiempo pase sin abordar la situación, haciendo como que no pasó nada’.
Siguiendo esta lógica, Pérez cree que en el caso de jardines o escuelas con infraestructura que resultó dañada, el regreso debe abordarse con transparencia, resaltando el enfoque de seguridad.
A los niños ‘hay que explicarles lo sucedido con palabras simples y honestas, evitando entregar muchos detalles. El énfasis no debe ponerse en lo que se rompió, sino en el esfuerzo que se está realizando para reconstruir el espacio y sobre todo, en transmitirles con claridad que lo más valioso, que son las personas, el cariño y el cuidado, sigue completamente intacto’.
Fuente: El Mercurio.

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