Volvamos a lo simple: jugar con tierra también es aprender
En vacaciones de invierno mamás y papás comienzan a buscar actividades para entretener a sus hijos e hijas. La propuesta…

En vacaciones de invierno mamás y papás comienzan a buscar actividades para entretener a sus hijos e hijas. La propuesta de los especialistas en primera infancia es sencilla: salir afuera y jugar.
Según explica Carla Bustos, coordinadora del Área de Currículum y Evaluación de Fundación Integra, acciones cotidianas como: tocar tierra, oler las plantas, escuchar a los pájaros, plantar una semilla u observar un insecto pueden transformarse en experiencias significativas, favoreciendo el asombro, la contemplación y la gratitud en niñas y niños. Por eso, “la invitación a las familias es aprovechar los espacios cotidianos”, indica.
No es necesario ir lejos. Una plaza del barrio, un jardín o cualquier espacio al aire libre puede ser un escenario propicio para aprender y asombrarse.
Jugar al aire libre fomenta habilidades fundamentales para el desarrollo y aprendizaje infantil. Entre ellas están el pensamiento científico (observar, formular preguntas, descubrir relaciones y causa), el pensamiento matemático (clasificación, medición, reconocimiento de formas, tamaños y patrones). A las que se suman, el desarrollo de la imaginación, la expresión y la apreciación estética.
Este mes coincide con la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente, el 5 de junio. Esta instancia nos invita a reflexionar sobre la importancia de construir un vínculo con la naturaleza.
El medio ambiente es fundamental para la vida de las personas, para su bienestar físico y emocional. Las investigaciones muestran que pasar tiempo en entornos naturales contribuye a reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo y favorecer la salud general. Razón por la que se hace aún más relevante fomentar este vínculo desde las primeras etapas de desarrollo: donde niñas y niños descubren el mundo, son curiosos y aprenden que la naturaleza.
Para que las actividades que niños y niñas viven sean significativas, las madres, padres y adultos responsables de su cuidado deben acompañarlos, sin imponer sus ideas y si son invitados integrar los juegos que ellos crean, respetando los intereses y el ritmo de cada uno de ellos.
“La relación con el medio ambiente debe construirse desde el disfrute y el asombro”, afirma Carla Bustos. Eso implica dejar que los niños puedan ensuciarse, observar los insectos o simplemente se sienten en el suelo a escuchar y reconocer sonidos.
Desde Fundación Integra, que brinda educación parvularia a más de 83 mil niños y niños en las salas cuna, jardines infantiles y modalidades no convencionales en todo el país, existe la convicción de que este vínculo con la naturaleza desde la primera infancia no sólo promueve el aprendizaje, también permite enseñar que la naturaleza es un espacio que se debe valorar, disfrutar y cuidar.
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